Hábitos pasados
El ritual siempre es el mismo. Algunas canciones que acompañen, poca luz y tú. Te vuelves menos fuerte con los años, como si ya te aburrieras de la misma piel, como si ya supieras cual será la esencia que beberás. O tal ves es sólo el tiempo, que nos hace a todos, queramos o no, menos servibles.
Un par de lágrimas recorren mi rostro, ni siquiera tú puedes llenar este vacío que siento. Aún así, sonrío, tratando de animarte, haciéndote creer que todo esta bien, que el ritual debe seguir. Y prosigues, ya no te importa si lloro o me río, ya no escuchas la música a lo lejos y sólo esperas impaciente saborear el elixir por el que viniste.
Mis ojos te observan temerosos, no te importa. Mis manos guían tu camino, indicándote donde tocar, marcando los rastros que dejarás, mostrándote qué lugares debes besar, y aunque a veces ni yo lo crea, cuando parar.
Siento miedo, mi corazón se acelera, algo dentro de mí grita con fuerza que me detenga, que te detenga, pero no puedo, no quiero. Esa voz en mi cabeza, ansía tanto como tú el final. Sabe que está cerca, que tu labor pronto terminará y no te volveré a ver hasta nuestro próximo ritual.
La sangre fluye por todo mí ser, el miedo desaparece, y una especie de angustia acompaña mi agonía. Manchas mi piel, sonrío, me sonríes y ambos sabemos que todo ha acabado.
Regreso a mi cama a dormir, sabiendo que ya no importa nada, sin antes, guardarte en ese cofrecito que suelo esconder por temporadas, pero sé que siempre está ahí.
Siempre estas ahí…
Un par de lágrimas recorren mi rostro, ni siquiera tú puedes llenar este vacío que siento. Aún así, sonrío, tratando de animarte, haciéndote creer que todo esta bien, que el ritual debe seguir. Y prosigues, ya no te importa si lloro o me río, ya no escuchas la música a lo lejos y sólo esperas impaciente saborear el elixir por el que viniste.
Mis ojos te observan temerosos, no te importa. Mis manos guían tu camino, indicándote donde tocar, marcando los rastros que dejarás, mostrándote qué lugares debes besar, y aunque a veces ni yo lo crea, cuando parar.
Siento miedo, mi corazón se acelera, algo dentro de mí grita con fuerza que me detenga, que te detenga, pero no puedo, no quiero. Esa voz en mi cabeza, ansía tanto como tú el final. Sabe que está cerca, que tu labor pronto terminará y no te volveré a ver hasta nuestro próximo ritual.
La sangre fluye por todo mí ser, el miedo desaparece, y una especie de angustia acompaña mi agonía. Manchas mi piel, sonrío, me sonríes y ambos sabemos que todo ha acabado.
Regreso a mi cama a dormir, sabiendo que ya no importa nada, sin antes, guardarte en ese cofrecito que suelo esconder por temporadas, pero sé que siempre está ahí.
Siempre estas ahí…

La fiel compañera.
ResponderEliminarEs un engaño creer que quedó en el pasado.
Siempre será parte de nuestra pasado, presente y futuro próximo.
hasta el final de nuestros días la veremos a escondidillas.