Viejos Tiempos
Cuando estaba en el colegio, solía ser una niña solitaria. Era la típica chica antisocial que siempre podía pasar desapercibida. Me sentía un fantasma, pero no me molestaba por que tenía unas cuantas amigas, un par de chicas que me recordaba lo divertido de crecer.
El colegio terminó y esas chicas siguieron – y siguen – siendo personajes claves en el teatro de mi vida. Solíamos llamarnos las kbras. Éramos cinco chicas que nos reuníamos esporádicamente para contar nuestras historias de amor, para reírnos del mundo, hacernos bromas llenas de sarcasmo, siempre con doble sentido, y nada simplemente pasarla bien. Lamentablemente, por motivos que prefiero no explicar, ese grupo de chicas se desintegró y aunque aún algunas somos amigas, sé que no volveremos a estar de nuevo juntas, al menos no como antes.
Luego llegó el instituto trayendo nuevas personitas, o mejor dicho nuevos personajes. Tres chicos con los que no sólo compartí trabajos y exposiciones, con ellos aprendí a madurar, a dejar a la niña del colegio a un lado y salir de una capullo en el que estuve encerrada por años.
Nunca olvidaré las tardes que pasamos juntos, cuando caminábamos gran parte de la avenida Arequipa en busca de comida, juntando dinero para comprar aunque sea pan. Nuestras terapias existenciales, donde la única receta era un merecido ataque de risa. Nuestra salida a la playa, cuando por estar jugando terminamos con los zapatos mojados y al día siguiente ¡Resfriadota! Todavía frecuento a estos chicos, no como quisiera, pero las veces que nos juntamos, me doy cuenta que aún somos los mismos de antes.
Así pasó el tiempo, terminó el instituto y empecé a trabajar, tenia que hacer algo ¿No? Entonces conseguí un trabajo en el aeropuerto, que dejé en poco tiempo debido a problemas con los horarios. Entre vuelos, turistas y celulares conocí a chicas muy lindas, que quisiera volver a ver, algún día. Un nuevo trabajo vino, otra vez nuevos rostros llegaron, nuevas experiencias y siempre alguien especial. Un amigo que ahora me odia, pero que en su momento fue – y espero algún día siga siendo – mi confidente, mi psiquiatra, mi paño de lágrimas, en fin, una persona para compartir horas de horas de simple hueveo sin aburrirse.
Ahora, otra vez el destino me pone en frente una nueva etapa, probablemente con ella vengan nuevos retos, nuevas experiencias y nuevas personitas. Si bien, a veces la universidad me recuerda a la niña fantasma de la secundaria, sé que sólo es una etapa más. Un periodo que me hace reflexionar y recordar con nostalgia aquellos queridos e inmortales viejos tiempos.

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