Mirada melancólica

La ventana del auto refleja un rostro sosegado, pasivo, bastante tranquilo y calmado. La tenue luz de la ciudad difícilmente logra descubrir el pequeño brillo que asoma en tu mirada, pequeños vidrios, como cristales, llenan tus ojos pronosticando la llegada de lágrimas. ¿Por qué lloras?
¿No deberías acaso estar disfrutando del paisaje? 

Algún recuerdo tal vez te aleja de la realidad, alguna espina que no puedes sacar de tu cerebro te ata a ese sentimiento de tristeza, ¿o es emoción?
El sol no brilla hoy, no como antes cuando eras niña y recorrías los mismos pasajes, caminando largas horas hasta llegar a casa. Cuando el ruido de tu moderno vehículo era reemplazado por el silencio de tus pensamientos, por la naturaleza del camino, e incluso quizás por la cercanía del hogar.

Hace años que fuiste expulsada de esa tierra que solías llamar hogar, de un refugio de emociones, en los que podías ser una niña todo el tiempo. Cuando tu abuela, todavía podía engreírte con tortas de chocolate, regañarte y a la vez formarte ese carácter tan complicado que tienes. ¿Puedes recordar su voz? Apuesto que no.
Entonces más que tristeza debes sentir culpa por anhelar un hogar que no recuerdas, por querer tanto algo que ya no existe.
Esa debe ser entonces la explicación de tu mirada melancólica, la explicación al menos de hoy.


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