Despertar
La imagen desaparece gradualmente de mi mente, mientras escucho una voz que susurra mi nombre y golpea mi hombro. Abro lo ojos y odio despertar. Mi columna tiembla y siento que cada uno de mis nervios se destroza en milésimas de segundos, siento miedo, tardo unos minutos en reconocer mi cuarto y a mi madre quien gentilmente me sonríe tratando de esconder la preocupación que le causa mi estado. “Por favor no me despiertes, no quiero despertar” le ruego en un intento inútil de explicar todo lo que siento. Sé que no me entiende, sé que nadie entiende cuando ilustro mi estado. No importa, me deja dormir de todas formas.
Vuelvo a dormir no sé cuantas horas, podría dormir todo el día y toda la noche sin sentir absolutamente nada, sin comer, sin ir al baño. No me interesa estar despierta, por qué las pocas horas que lo hago parezco un zombie. Mis pupilas se dilatan, me vuelvo más lenta que de costumbre, no pienso pero tampoco me siento bien, tengo nauseas, mareos y vómitos de vez en cuando. Así no es difícil querer estar dormida todo el tiempo.
Nota: Esta entrada es antigua, la escribí durante mis peores épocas con los fármacos.

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