Desamor
¿A dónde se fue el brillo en tus ojos? ¿Dónde quedaron los poemas con mi nombre? ¿Qué le pasó a la calidez de tu abrazo? ¿Por qué ya no te siento cerca? El desamor duele tanto que podría matar a cualquiera, pero a su vez es tan lento que preferiría estar muerta.
¿Haberme entregado tanto fue un error? Quizás sí. Quizás no debí haber caído en la trampa de cupido.
Ya no sonríes como un tonto cuando me recuerdas, ya no soy yo quien ronda tus pensamientos, ya tu afecto se queda en un te quiero.
Y cuando la distancia, que debería hacer que me extrañes, juega en mi contra y respondes "Ya nos veremos otro día" ¿Otro día? ¿Acaso no sabes que lucho con el tiempo para que vuele en tu ausencia y sea eterno con tus besos? ¿No entiendes que mi sonrisa desaparece cuando no estás a mi lado? "Ya no hagas tanto drama", refutas y yo me pregunto qué pasó con ese hombre que recorría media ciudad sólo por cinco minutos de mi abrazo.
Si me atrevo a reclamar un poco de atención, sólo logro molestarte, incomodarte. Lo único que obtengo es una cara larga y un pequeño pero amenazador discurso, basado en la mortal frase "tus quejas me aburren". Soy sincera, no te culpo, tienes razón, qué pesado debe ser que te pidan demostrar cariño cuando no quieres hacerlo, cuando simplemente no te nace.
Duele tanto saber que el futuro que me prometías se convierte en un ideal más que no alcanzaremos. Darse cuenta que la palabra amigos encaja más en lo que somos, que el cariño de pareja se vuelve en un bonito recuerdo y la monotonía, prisionera del tiempo, nos ahoga en un final que se acerca cada vez más.
Fuiste tú quien me convenció de amarte, ahora dime extraño ¿Cómo dejo de hacerlo? Dame la pócima para desencantar a mi corazón, que sigue preso en tu recuerdo, que se aferra a un final de cuento. Ganaste el juego desde un comienzo, termina el partido que yo no puedo, no puedo dejarte y no quiero.
¿Haberme entregado tanto fue un error? Quizás sí. Quizás no debí haber caído en la trampa de cupido.
Ya no sonríes como un tonto cuando me recuerdas, ya no soy yo quien ronda tus pensamientos, ya tu afecto se queda en un te quiero.
Y cuando la distancia, que debería hacer que me extrañes, juega en mi contra y respondes "Ya nos veremos otro día" ¿Otro día? ¿Acaso no sabes que lucho con el tiempo para que vuele en tu ausencia y sea eterno con tus besos? ¿No entiendes que mi sonrisa desaparece cuando no estás a mi lado? "Ya no hagas tanto drama", refutas y yo me pregunto qué pasó con ese hombre que recorría media ciudad sólo por cinco minutos de mi abrazo.
Si me atrevo a reclamar un poco de atención, sólo logro molestarte, incomodarte. Lo único que obtengo es una cara larga y un pequeño pero amenazador discurso, basado en la mortal frase "tus quejas me aburren". Soy sincera, no te culpo, tienes razón, qué pesado debe ser que te pidan demostrar cariño cuando no quieres hacerlo, cuando simplemente no te nace.
Duele tanto saber que el futuro que me prometías se convierte en un ideal más que no alcanzaremos. Darse cuenta que la palabra amigos encaja más en lo que somos, que el cariño de pareja se vuelve en un bonito recuerdo y la monotonía, prisionera del tiempo, nos ahoga en un final que se acerca cada vez más.
Fuiste tú quien me convenció de amarte, ahora dime extraño ¿Cómo dejo de hacerlo? Dame la pócima para desencantar a mi corazón, que sigue preso en tu recuerdo, que se aferra a un final de cuento. Ganaste el juego desde un comienzo, termina el partido que yo no puedo, no puedo dejarte y no quiero.

Comentarios
Publicar un comentario