Ojos
Son las siete de la noche y la avenida Pardo no luce tan congestionada como otros días. Los buses circulan casi llenos, aún con asientos desocupados y espaciosos pasamanos expectantes a la temida hora punta. Señal de esperanza para mis pies que no soportan más el taco aguja al que los he sometido todo el día. Lo siento chicos una ejecutiva como yo no puede darse el lujo de verse desarreglada y menos en día de conferencia.
Pasan unos minutos y observo a la línea de transportes Orion asomarse, sonrío levemente, es hora de ir a casa. Entro en el ómnibus buscando entre rostros extraños y conversaciones triviales algún alivio para mis pobres pies. Me detengo resignada, no hay asientos disponibles ni mucho menos descanso para mis demolidas extremidades. Suspiro y me aferro al pasamanos ¡Cómo odio no tener carro! Pienso mientras me coloco los audífonos pretendiendo escapar con la música, deseando que la batería de mi MP3 sobreviva hasta llegar a mi destino.
El bus se va llenando a medida que recorre las calles limeñas, y ya no me encuentro sola en el pasamano, ya no puedo moverme con tanta comodidad entre bache y bache.
De pronto un hombre parado junto a mi llama mi atención. Es un joven alto, de contextura mediana, que viste un polo negro, una gorra y unos jeans. Un muchacho que fácilmente podría pasar como cualquiera si no fuese por su mirada. El vehículo está repleto y él sólo sonríe con los ojos, recordando quizás a alguien especial, reviviendo un momento, una palabra, un sueño o tal vez un amor.
Entonces me pregunto ¿Es esa la cara que pongo cuando te recuerdo? Sonrío, podría asegurar que sí. De hecho juraría que la estoy poniendo ahora.
Un extraño me ha hecho recordar que estoy enamorada y aunque la sonrisa en mis ojos ya no es tan frecuente como en mis días de juventud, me reconforta saber que aún lo estoy. Me alegra darme cuenta que aún eres tú y tu recuerdo la mejor medicina para mí.
Dicen que los ojos son la ventana del alma y mis ojos al igual que los de ese chico no mienten. Mis pensamientos desaparecen, he llegado a mi destino, pronto estaré en tus brazos demostrando afecto con algo más que los ojos.

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